Cómo limpiar los ojos del bebé

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Cuando se trata de un recién nacido, siempre surgen las dudas de absolutamente de todo y con recelo se piensa “Lo estaré haciendo bien”. Por ello, te indicaré la mejor forma de cuidar los ojos de tu bebé, pero antes debes entender porqué surgen ciertas secreciones y lo que la falta de higiene puede provocar en el niño para que comprendas por qué es importante saber cómo limpiar los ojos del bebé.

¿Por qué se forman las legañas?

Primeros meses el bebé segrega mucosidad abundante, tanto en los ojos a través de los conductos o vías lagrimales, como por las fosas nasales de la nariz. Cuando hablamos de los ojos, los conductos lagrimales se ubican en la parte interna del ojo, hacia el nacimiento de la nariz.

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A través de estos conductos las lágrimas limpian los ojos de la basura o el polvo que se puedan alojar. Sin embargo, cuando el cuerpo genera mucha secreción, esta se puede estancar en la comisura de los párpados, por lo que al secarse forman aquello conocido como legañas.

Un bebé parpadea un par de veces por minuto a comparación de un adulto promedio en el que sus parpadeos son más constantes, superiores a 15 veces por minuto. Esto indica que en un adulto habrá menos acumulación de suciedad en los ojos, por lo que al dormir no se compara con todo lo que puede expulsar un bebé en proporción a su tamaño.

Generalmente los recién nacidos, al tener varios lapsos de sueño y sobre todo al despertar por la mañana, amanecen con buenas cantidades de legañas. Al descansar y cerrar los ojos por unas horas, todas esas impurezas que se alberga en los ojos en el transcurso del día, se van acumulando al momento de dormir y el cuerpo las expulsan poco a poco a través de los párpados con ayuda de las secreciones lagrimales las cuales no solo están ahí cuando el bebé llora.

Existen tres tipos de secreciones comunes que se manifiestan en los recién nacidos

En primer lugar, se encuentran las legañas transparentes y secas. Estas son normales puesto que hay un incremento de secreciones en los recién nacidos. Este tipo de legañas no traen ningún problema en general, más que molestia al infante cuando es una cantidad que no le permite abrir los ojos, y cuando las legañas son tan duras y secas que rasgan y maltratan la piel del niño.

Luego están legañas amarillas o verdosas, estas vienen acompañadas de enrojecimiento de los ojos. En este caso el niño pudiera estar padeciendo de alguna infección o enfermedad como una conjuntivitis neonatal.

Cuando un bebé nace, además de pesarlo y examinarlo también le aplican unas gotas o ungüento antibiótico en los ojos para evitar infecciones oculares a posterior. Esto tiene a razón de que en algunos casos las infecciones agudas o severas pueden ser producto de bacterias transmitidas por la madre como clamidia o herpes, al momento del parto al bebé por el simple contacto, que puede infectar al niño inesperadamente.

También hay conjuntivitis bacterianas que se pueden originar después, a las semanas o meses pero que no son tan graves, así como conjuntivitis por virus y la conjuntivitis por alergias. No obstante, es importante llevar a tu bebé al doctor en caso de sospechar la presencia de alguna enfermedad ocular o enfermedad respiratoria, con el fin de que este recete el medicamento apropiado.

Por último, entre las secreciones más comunes está el lagrimeo constante también denominado como un problema de dacrioestenosis o dacriostenosis. Aunque este si bien no produce legañas en sí, es producto de la obstrucción de los canales lagrimales. Las lágrimas son la simple reacción del cuerpo por querer liberar esa obstrucción, la cual se debe por una malformación o desperfecto mientras el bebé estaba en proceso de desarrollo. Esta obstrucción puede ocurrir tanto en un ojo como en ambos, lo importante es detectarlo y buscarle una solución.

¿Cuál sería la limpieza más apropiada para cada caso?

Como se ha mencionado existen distintos tipos de secreciones que un recién nacido puede producir en su cavidad ocular. Al depender de la madre, esta debe estar atenta en relación a su limpieza pues el bebé no está en la capacidad de hacer dicho procedimiento por su cuenta, sin embargo, estos procedimientos son muy sencillo.

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Para la correcta limpieza debes requerir principalmente de dos productos: suero fisiológico y gasas esterilizadas o toallitas húmedas o para la higiene ocular. Recuerda que para todo procedimiento que vayas a realizar con tu bebé debe ser con las manos completamente esterilizadas.

Cuando las legañas son semi transparentes, blancas y secas

Con un par de gotas de suero fisiológico, puedes diluir las legañas secas. Esto servirá para no maltratar al niño al intentar despegarle los parpados. Una vez aplicada las gotas, remueve las legañas gentilmente con una gasa humedecida en suero o esterilizada con agua hervida, tomando en cuenta que es una para cada ojo. Haces un movimiento con la gasa o toallita presionado ligeramente de una a tres veces desde la parte interna del ojo, donde inicia la nariz, hasta la parte externa, es decir, de adentro hacia afuera.

Cuando las legañas son amarillas o verdes y los ojos están enrojecidos

En este caso, aunque suele ser comunes en los niños, lo más razonable al ver la cantidad de legañas de este tipo, debes consultar con un profesional para que diagnostique qué afección tiene el niño y recete el medicamento apropiado. Si es una infección bacteriana puede que recete un par de gotas antibióticas, si el niño presenta fiebre y otros problemas, puede que sea algún otro tipo de conjuntivitis.

Cuando es un problema de diacrostenosis

La solución más práctica para este problema es realizando masajes constantes, al menos tres veces por día, en lapsos de dos minutos en el conducto obstruido. Los masajes los puedes haces aplicando una ligera presión en el lagrimar y realizando movimientos descendentes, este procedimiento puede durar varias semanas e incluso meses. Cuando el problema se extiende a más doce meses, debes llevar a tu niño para que con una sonda dilaten el conducto lagrimal.

Recuerda que para toda duda o anormalidad en tu bebé, es necesario que siempre consultes con tu pediatra de confianza para que este pueda dar con el diagnóstico y cuidados adecuados.

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