Siete claves para nutrir la inteligencia emocional de nuestros hijos

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La inteligencia emocional es una herramienta fundamental para tener una vida exitosa. Pero no estamos hablando de éxito en términos de un buen trabajo, una cartera llena de billetes y una vida a todo tren, -que también, por qué no-, sino de una vida donde reine el bienestar personal y la satisfacción así como la seguridad suficiente en uno para atreverse a luchar por alcanzar las metas que nos propongamos. La mayoría de los adultos en la actualidad estamos buscando que alguien nos ofrezca los consejos y técnicas para alcanzar esa inteligencia emocional que no hemos podido desarrollar por nuestros propios medios. Por eso lo ideal es trabajar la inteligencia emocional desde bien pequeños. ¿Tienes hijos? Esto te interesa. Vamos a darte las Siete claves para nutrir la inteligencia emocional de nuestros hijos.

No se trata de hacer un cursillo acelerado, pero sí de enseñar a alimentar las emociones en sentido positivo y a gestionar aquellas otras que no son tan optimistas. Todas las emociones han de tener cabida en nuestro día, ya que forman parte del proceso natural y no debemos reprimirlas. La tristeza, la felicidad, el enfado, la ira, el rencor, el miedo…. Ninguna de ellas está de más e incluso juntas hacen que exista un equilibrio necesario. Pero sí debemos identificar cada una de ellas y, sobre todo, comprender por qué están ahí, qué las ha provocado y qué sentido tienen que surjan. Alcanzada esta comprensión, integrarlas en nuestra cotidianeidad, será más fácil, sin que se conviertan en un estorbo, sino en un indicio para señalarnos que hay una cuestión no resuelta con nosotros mismos que debemos trabajar. Y es que la comprensión es la base de la gestión de nuestras emociones.

Ahora bien, ¿cómo hacer comprender a un niño ciertas cosas? Estamos de acuerdo en que no es fácil, -o no lo parece a priori-, enseñar a un pequeño a buscar por qué tiene miedo, o por qué está triste. Quizás expresado así, la psicoterapia y el coaching emocional nos parezca demasiado precoz para aplicar en la infancia. Sin embargo es posible, y no solo posible, sino aconsejable. Ya que es precisamente en la edad más temprana cuando los niños mejor asimilan y adquieren los conocimientos. No se trata de que tu hijo sea el mejor dotado de todos, pero sí que vaya adquiriendo las bases, con unos buenos sentimientos para construir su inteligencia.

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Pero veamos con más detalle todo esto a lo que nos estamos refiriendo y, sobre todo, estas siete claves para nutrir la inteligencia emocional de nuestros hijos.

Conexión, la base

Cuántas veces habremos sentido a lo largo de nuestra vida que, no sabemos por qué, pero hemos conectado con alguien. Tanto así que, de repente, es como si nos conociéramos de toda la vida, apenas sin haber hablado. Cuando esto sucede se produce la magia de dos corazones y almas que se comunican, sin necesidad siquiera de que haya palabras. Nos ocurre muy pocas veces, y algo de mágico en ello, pero se trata tan solo de establecer una buena conexión. Si bien es verdad que lograrlo con desconocidos es un misterio, hacerlo con nuestro propio hijo recién nacido es algo que sí que está más al alcance de nuestro manos. Y, ¿con quién mejor para probarlo que con nuestro propio hijo?

Para conectar emocionalmente con tu bebé no necesitas siquiera esperar a que este nazca, porque ya desde el vientre puedes hablarle, acariciarle y sentirle. Ahí ya estás estableciendo un vínculo. Una vez nacido, no escatimes en mirarlo a los ojos, observar cada gesto, cada mirada, cada balbuceo, etc y responder a ellos. Establece una comunicación tanto verbal como no verbal con tu pequeño. Y, sobre todo, no pierdas eso porque el niño vaya creciendo…

Escucha activa

Subestimamos mucho a los niños. Y en la actualidad que estamos todos prácticamente todo el día enganchados al móvil, la tele y el ordenador, eso de escuchar nos cuesta. Si son niños ya para qué hablar, pues pensamos erróneamente que los niños no tienen nada importante que decirnos. Este es uno de los mayores errores que podemos cometer con nuestro hijo: no escucharle, no darle importancia y valor a lo que habla, a lo que pide y a lo que expresa y, sobre todo, a lo que siente. Apaga el móvil y escucha atentamente a tu hijo.

Identificar las emociones

A menudo ni nosotros mismos sabemos lo que estamos sintiendo, así que imagínate el niño. Si no lo sabemos, no podemos hacer nada al respecto. Por eso aprender sobre ello es una base elemental. Hay juegos que podemos aplicar para que nuestros peques logren identificar las emociones que están sintiendo. Si no tienes mucha idea, estaría bien que concertaras unas sesiones con un coaching para que enseñe a ti sobre este asunto y así puedas gestionar tus emociones y enseñar a tu hijo a hacer lo mismo, desde la cuna.

Expresar las emociones

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Las rabietas son positivas. No riñas a tu hijo porque llore, grite o patalee. Lo que no se grita nos enferma el espíritu y el cuerpo. Son emociones que están dentro y que tienen que salir hacia fuera. Escucha a tu hijo cuando necesite expresar sus emociones, pero no cedas a sus chantajes. Una cosa no está reñida con la otra. Así, tu hijo podrá gestionar mejor el abuso de otras personas hacia él, y su necesidad de sentirse superior o inferior a otros.

Empatía siempre

No menosprecies los sentimientos de tu hijo. Son importantísimos para él. Así que ponte en su lugar y compréndelo. No significa, como decíamos antes, que le des todo lo que te pida, pero sí que trates de ponerte en sus zapatos, para entender qué siente y por qué lo siente así. Y que le expreses tu comprensión. Es el paso previo para entablar un diálogo donde tú le dejarás a él tu postura sobre el tema, y el por qué sí o por qué no.

Nunca es grande o pequeño para el afecto

Todos necesitamos sentir apoyo y afecto. Así que nunca pierdas la costumbre de coger a tu hijo en brazos, acunarle, abrazarle, besarle y hacerle saber cuánto lo quieres. No importa si el niño tiene 4 meses o si tiene 10 años.

El contacto físico es bueno

A medida que los niños se hacen mayores y se van volviendo autosuficientes ya vamos desligándonos de ellos en cuanto al contacto físico. Esto es una gran equivocación. Porque aunque el niño vaya solito al baño, o no necesite tu mano para dar sus pasos, sí que necesita tu calor, tus masajes, tus caricias y tus besos.

Con estas siete claves para nutrir la inteligencia emocional de nuestros hijos, podrás criar un hijo inteligente y sano, capaz de superar las dificultades de la vida.

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